¿Qué significa tener capacidad de adaptarse a la modificación global del clima?, entrevista a Gabriel Borras

Y otra justo a continuación: ¿cómo cuantificamos esta capacidad de adaptación? Unos interrogantes a los que puede dar solución Gabriel Borràs, biólogo y responsable del Área de Adaptación de la Oficina Catalana del Cambio Climático (OCCC)del gobierno catalán.

“La capacidad de adaptarnos al cambio climático implica ser capaces de evaluar cuantitativamente las medidas que estamos llevando adelante y que nos permiten ser más resilientes, menos vulnerables”, afirma Borràs, que deja claro hasta qué punto este es un debate mundial abierto sin demasiadas conclusiones. “Hay un gran silencio sobre la eficiencia de las medidas aplicadas para reducir la vulnerabilidad”, además de una “gran dispersión de metodologías y criterios”.

¿Qué significa tener capacidad de adaptarse a la modificación global del clima?, entrevista a Gabriel Borras

Y apunta que “el 99% de procedimientos utilizados en realidad evalúan o bien los impactos del cambio climático, o bien los riesgos derivados. Pero no miden la eficiencia de la huella que deja el cambio global que estamos experimentando”. Y pone un ejemplo clásico y visual centrado en el Mediterráneo: las principales consecuencias evidentes del cambio climático son la reducción de precipitaciones y el aumento más acelerado de la temperatura respecto a otras zonas del planeta.

Por ello, “los indicadores de que disponemos no nos aportan datos sobre la eficiencia de las medidas que aplicamos, sino que nos dan la dimensión de los riesgos, en este caso, incremento de incendios forestales y menor disponibilidad de agua para los ecosistemas y para las personas”, explica. Contestar la segunda pregunta –¿cómo cuantificamos esta capacidad de adaptación?– pone en evidencia que no se conoce ninguna administración pública del mundo que haya dado respuesta.

Antes de elaborar el indicador, desde el OCCC se consultó otros países: desde conferencias y foros de discusión internacionales, hasta artículos publicados. “Preguntamos al mundo e intentamos establecer criterios y una medida evidente, como ahorrar agua desde el consumo doméstico”, recuerda Borràs. Y ante la respuesta negativa, se puede decir que no hay ningún trabajo conocido en el mundo impulsado por una administración pública que cuantifique si un territorio se está adaptando bien al cambio climático.

Ante el silencio, desde la Oficina Catalana del Cambio Climático se empieza a desarrollar una metodología propia en colaboración con el equipo del catedrático Josep M. Raya, del Tecnocampus de la Universitat Pompeu Fabra. “Lo que intentamos averiguar es si la acción de reducir el consumo de agua en los hogares nos está permitiendo ser menos vulnerables a los impactos del cambio climático, en este caso en Cataluña”, aclara Gabriel Borràs, añadiendo que “hemos trabajado este indicador global como medida de la eficiencia de las acciones de adaptación”.

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Ir en la buena dirección

Saber si la tarea que se está haciendo es la oportuna está íntimamente vinculado con el uso de datos públicos por parte del indicador, que estén disponibles en formato abierto, que requieran poca manipulación, que aporten cierta temporalidad (mínimo de 10 años) y que vayan ligados a las medidas. “Naturalmente, como toda estadística, la robustez de la metodología será alcanzada si el periodo de evaluación abarca varios decenios”, puntualiza Borràs.

Hoy se dispone de un total de 42 indicadores, que aportan mayor solidez a un proyecto que comenzó con 29 en 2014. La opinión de su máximo impulsor es reveladora: “la participación de la OCCC en el proyecto Life MEDACC Adaptando Mediterráneo el Cambio Climático conjuntamente con el CREAF y el IRTA fue un importante campo de prácticas para concebir el indicador global de adaptación”.

Los ámbitos que contempla el indicador son biodiversidad, agua, gestión forestal, agricultura, industria, movilidad, salud, turismo, urbanismo y vivienda. No se pudo incluir investigación y conocimiento, “porque no hemos localizado un indicador global de mínimo 10 años”, justifica Gabriel Borràs. La principal conclusión básica es que el 61% de la variabilidad de los 42 indicadores tiene que ver básicamente con el uso de los recursos, con la ecoeficiencia: agua, energía y el suelo, básicamente. Por tanto, “cuanto más eficientes seamos en su uso, mejor nos estamos adaptando… y es una conclusión muy interesante”.

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El cálculo de la evolución de datos en el periodo 2005-2014 se expresa de la misma manera como el Instituto Nacional de Estadística explica la evolución del IPC. “Lo importante no es el dato exacto”, matiza Gabriel Borràs, “sino como ha variado respecto al año anterior. En estos 10 años ha crecido un 8,74% y esto quiere decir que en 10 años el indicador evoluciona positivamente, nos estamos adaptando y reduciendo nuestra vulnerabilidad”.

Una metodología del nuevo milenio

La voluntad del equipo tras este indicador es actualizar el indicador cada 5 años. Por lo tanto, el año 2023 habrá que revisarlo, introduciendo nuevos datos temporales y/o ampliarlo con nuevas métricas orientadas a observar si se consolida el 8,7%. “No tenemos contexto donde poder comparar, porque es la única herramienta conocida”.

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Sin embargo, desde la OCCC se admite la probabilidad de que pueda haber una tarea similar ya hecha, si bien al presentarla a The Climate Group (una red de gobiernos no estatales que representa 400 millones de personas) ningún representante tenía ninguna noticia.

Justamente por eso, el indicador desarrollado por la Oficina Catalana del Cambio Climático “no es perfecto, porque no se puede comparar con nada”, en palabras de Gabriel Borràs. “Sabremos si nos está sirviendo cuando lo podamos volver a actualizar, porque así como la mitigación es una metodología antigua, la adaptación es relativamente nueva en cambio climático, del nuevo milenio”.

En Cataluña las políticas de adaptación se empiezan a aplicar desde el 2012; la próxima evaluación debería confirmar si la evolución sigue siendo positiva. “Entonces veremos si ha crecido, si se estanca o ha decrecido y tendremos que analizar los factores que lo han provocado, como por ejemplo la falta de presupuesto público”. El 99% de los países miden el impacto o los riesgos del cambio climático, en lugar de la eficiencia. Y aquí radica el interés de la ONU para incluir el indicador catalán en su base de datos científica.

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